miércoles, 4 de noviembre de 2015

Pérdida

El mundo se compone de luces y de sombras. Esa noche las sombras parecían haber ganado la batalla. Los árboles hasta hace unas horas familiares e inofensivos se encorvaban, y sus dedos largos y anudados la señalaban. Tragó con dificultad. Su paso se aceleró, sentía que los ruidos la perseguían. Estaba completa y absolutamente perdida. Mientras caminaba su cabeza se daba vuelta una y otra vez, mirando hacia atrás con el corazón desbocado. Podía sentir como cientos de ojos se prendían a su cuerpo como sanguijuelas, su pánico iba en aumento, no podía encontrar el camino, las historias que había escuchado alrededor de la hoguera pronto se le vinieron todas a la mente y sin poder controlarse se lanzó en una carrera desesperada, víctima del pánico, las ramas le arrancaban la piel, sus propios latidos la ensordecían, corría a ciegas, y de pronto los árboles se abrieron. Cayó de rodillas respirando violentamente, le dolía el costado y sentía que sus pulmones estaban prendidos fuego. Levantó la cabeza y observó el lugar, se encontraba a orillas de una laguna negra como el carbón, sus aguas oscuras absorbían los rayos de luna. Unos pasos mas y habría caído dentro. Recorrió los alrededores con la mirada. Lo que vio le congeló el aliento en el pecho. Entre las piedras, sentada, había una sirena. Su piel morena, violácea, estaba mojada, su pelo rizado, color azul, se derramaba por su espalda flaca. Su cola de pez era gigantesca, larga y afilada, donde tendría que haber carne y escamas, había en vez un esqueleto de huesos marfil puntiagudos que cortaban la superficie del agua con cada coletazo distraído. Sus dedos unidos por una fina membrana se afanaban arañando entre el espinazo para arrancar las diminutas algas que allí se entretejían. Sus pálidos labios contrastaban contra su piel oscura, abiertos apenas. Los dedos de la sirena se detuvieron. Su espalda se tensó. Olfateó el aire durante un segundo, y su cabeza giró lentamente hacía donde ella estaba. Dos ojos sin iris ni pupila, blancos, diseñados para ver en la oscuridad, se clavaron en ella y las comisuras de la boca de la sirena se estiraron en una sonrisa con demasiados dientes. El horror mas absoluto retorció cada uno de sus nervios, no podía moverse, no podía respirar, no podía levantarse. La sirena comenzó a moverse lentamente, usando sus brazos largos para apoyarse en las rocas, entró al agua sin hacer ruido y se hundió hasta que solo pudieron verse sus ojos, que brillaban como dos luciérnagas. Los sonidos del bosque se apagaron, expectantes. Criatura y niña ambas quedaron inmóviles. Un segundo fue todo lo que necesitó para arrancarse del estado de shock en el que se encontraba y salió disparada hacia atrás empujándose con los codos, al mismo tiempo la sirena arrastraba a toda velocidad su cuerpo fuera del agua, arrancando pedazos de tierra con las manos, con la boca abierta profería unos gañidos como si se estuviera ahogando, la lengua le colgaba entre las filas de dientes. La sirena alcanzó a sacar su cuerpo hasta la mitad antes de quedar tirada jadeando, sus branquias palpitaban enloquecidas a los costados de su cuello, dejando entrever un interior verdoso. Sus manos seguían moviéndose, arañando la tierra, buscándola, tratando de alcanzarla allí donde había quedado a menos de medio metro, con la espalda pegada a un abeto. Consiguió pararse y se aferró al árbol temblando descontroladamente, la sirena profirió un último gemido de hambre y retrocedió torpemente de vuelta al agua desde donde siguió observándola. Con un estremecimiento la niña se dobló en dos y vomitó, sus pantalones estaban húmedos y las piernas casi no la sostenían. Sin dejar de mirar hacia la laguna retrocedió hasta internarse nuevamente en el bosque y corrió a ciegas durante lo que le parecieron horas. Sentía los pulmones prendidos fuego, y tenía tanto miedo que no encontraba su voz para gritar y pedir auxilio. Su enloquecida carrera se había reducido a una caminata nerviosa, de pronto una luz la cegó y el rostro preocupado de su padre apareció en su campo de visión. '¡Mira! Mira, ¿dónde estabas? ¿estás bien?' sus manos la acariciaban intentando calmarla. No pudo contestarle y lloró de alivio. Se quedó dormida en sus brazos mientras volvían al campamento. Cuando abrió los ojos día siguiente, se encontraba metida dentro del saco para dormir, envuelta en un sweater enorme, respiró su aroma y se relajó, la puerta de la carpa estaba abierta y pudo ver como sus hermanos jugaban alrededor de los restos de una hoguera usando palos como espadas,  su padre cargaba las mochilas y demás en la camioneta mientras silbaba, se quedó dormida nuevamente. Cuando despertó, se encontró con que estaba hecha un ovillo en el asiento de atrás de la camioneta, se tomó un momento para desperezarse, en el auto no había nadie. Mirando el techo se preguntó si lo de anoche no habría sido una pesadilla. Entonces lo escuchó; Un ruido tan inocente, y al mismo tiempo tan estremecedor que todos los pelos de su cuerpo de pusieron de punta y se le secó la boca. El suave chapoteo del agua, acompañado por las risas de niños. Cómo en cámara lenta giró la cabeza con el corazón latiendo desbocado. Sus hermanos se salpicaban entre ellos, metidos en la laguna hasta las rodillas, su padre nadaba de espaldas despreocupado, abrió la boca para gritar pero el sonido murió en su garganta cuando entre las rocas, justo por encima de la superficie, alcanzó a ver dos lucecitas blancas brillando justo antes de que desaparecieran bajo el agua negra.




1 comentario:

  1. Que lindo cuento jose. Se ve que llevas los genes de tus antepasados y compartía la pasión por las letras. Felicitaciones saludos.

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