lunes, 20 de enero de 2014

Me cuento a mi

"A veces me dan un monton de ganas de saber quien sos"
Una vez me dijeron eso.
A veces a mi tambien me dan un monton de ganas de saber quien soy.
Mi nombre es Josefina Lagos Lowther. Lowther es el apellido de mi mama, lo incluyo cuando me preguntan mi nombre porque es mi familia materna la que me crio. Mi papa es una historia aparte.
La mia es una familia inglesa, fiel a los horarios y la educacion. Cuando mi abuelo me mira ve a su bichito de luz, con sus preguntas irrespondibles y chistes irrepetibles. Cuando mi abuela me ve, ve una nieta a quien crio como si fuera una hija. Mi mama me mira pero no me ve. Y cuando mi papa me ve... Mi papa no me ve casi nunca, vive en otro pais, tiene una familia.
Yo creo que la mayoria de la gente mira pero no ve.
De chica le tenia miedo a la oscuridad, al agua, a quedarme sola, a los cordones desiguales y a los Gremlins. Todavia le tengo miedo a muchas cosas. El problema es que nuestros miedos crecen con nosotros. Y se vuelven cada vez mas colmilludos. Cuando me bañaba mi mama le pedia a mi hermana que se quede conmigo, porque sabia que sola en una bañadera a mi me agarraba un ataque de panico. Lo que no tenia en cuenta era lo crueles que son los hermanos mayores. Mi hermana me obligaba a contarle cuentos como condicion para que se quedara. Cada vez que uno de mis cuentos empezaba a ponerse aburrido se paraba y se iba y yo desesperada me inventaba vueltas de tuerca cada vez mas inverosimiles. Creo que fue asi como desarrolle mi capacidad oratoria. La imaginacion nacio conmigo, y crecio agarradita de mi mano mientras caminaba por mi casa en Bariloche que parece sacada de un cuento de hadas. O por lo menos yo la veo asi.
Esta llena de arboles y magia. Y algun que otro archienemigo escondido como para mantener las cosas interesantes.
Como mi mama siempre dice "Eras tran divina de chiquita, que te paso". Yo era un gnomo de rulos rubios, dientes separados y una peca arriba del labio. Siempre tenia una pregunta, y una sonrisa para completar. Me gustaba la gente, viajar en colectivo con mi abuelo para mi era un placer. Me sentaba a upa suyo y miraba a los pasajeros, cada vez que algo me parecia extraño buscaba una respuesta en mi abuelo, que por supuesto no la sabia y fiel al stiff upper lip ingles tampoco se la inventaba. Asi que me las inventaba yo. A aquella señora renga tuvo una enfermedad de muy chiquita. Por eso es tan amargada. Y tiene dos gatos. Y el colectivero, que tiene todos muñequitos colgando del parabrisas, no ve la hora de llegar a su casa para raspar el boleto de la loteria porque hoy es su dia de suerte y seguro que va a ganar.
No invitaba muchos amigos a mi casa, todavia no lo hago. Nunca me olvide de la vez que invite a jugar a una amiga y se fue con mi hermana, porque "Nada mas vine por que me gusta tu casa". Seria estupido decir que no invite nunca mas a nadie por eso, pero la verdad es que nunca me lo olvide.
Hay muchas cosas que nunca me olvide. Y eso fue lo que me paso, Mama.
Aprendi que la gente se abusa, que la gente es mala, que la gente es envidiosa, que la gente, que la gente, que la gente. Y aprendi de mi gente tambien, y me asuste. Y me cambio la mirada, y me cambio la sonrisa. Me enseñaron que no hay que sonreirle a nadie en la calle. Que no hay que mirar.
El otro dia mientras viajabamos en auto con mi hermanito menor intente copiar la expresion de inocencia absoluta, esa que tienen los chicos, y no pude. El 27 de Febrero del 2014 la perdi y nunca mas la encontre. Perdi muchas cosas ese dia. Entre ellas a mi.
Hoy todavia me estoy buscando. Y aca estoy, encontrandome de a poquito.
Este año perdi de nuevo la cajita en donde me iba guardando, casi desaparezco del todo. Casi, pero de nuevo, aca estoy, encontrandome de a poquito.
Esta noche me acoste en la cama elastica a mirar las estrellas. Son miles de fueguitos que brillan en el espacio. Y si eso no te parece increible te pido por favor que vayas y te acuestes un rato a pensar en lo decepcionado que esta tu niño interior de vos.
Soy alguien que odia esforzarse. Soy alguien que tiene muy buena suerte, y la necesita porque con la mala suerte que tengo si no tuviera buena suerte estaria enterrada en la plaza Miserere.
Soy alguien que nunca encuentra el tiempo como para escribir. Y les juro que tengo mucho tiempo libre.

Esto es un poquito de quien soy, y seguro me olvide de todo. Pero eso es tambien parte de quien soy. Hoy les conte las cosas lindas, porque para el lado mas oscuro ya habra otros textos. Y algun dia seguire contandoles, porque mas que a ustedes me cuento a mi.

Gracias.



10 comentarios:

  1. no se que decirte por que no se que palabra ponerle a lo que me hiciste sentir, la verdad es hermoso que te puedas acordar de tu niña interior de una manera tan linda, no te conozco, pero lo haría sin dudarlo si se diera la oportunidad.

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    1. Gracias, que bueno saber que lo que escribo es para alguien mas que para mi.

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  2. Tu persona se conforma por las cosas que viviste. Asi y todo personas diferentes pueden llegar a diferentes conclusiones (unas te dejaran seguir adelante, otras no) en la misma situacion. Tenes un algo divino que hace que hoy por hoy este leyendote, escribiendote.. increible. Algo tendras, sin duda. Asi tambien tenes algo que hace que nunca mas quiera verte, o que no me interese en realidad. Te siento efimera. Creo que lo vi minimamente plasmado en "Y me cambio la mirada, y me cambio la sonrisa. Me enseñaron que no hay que sonreirle a nadie en la calle. Que no hay que mirar." Igualmente siempre me sacare el sombrero porque todavia tenes un pedasito de mi que se ocupa de vos. Un cordial saludo a vos y un beso de los buenos a tu parte esa que me saca estas palabras.

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    1. No verme "nunca mas" y "a veces" suena raro. O capaz a veces pensas "ojala pudiera no verme nunca mas" A mi a veces tambien me gustaria saber quien sos

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  3. ¡Caballera!
    Han pasado los años y vaya que han pasado. Nos pasaron por encima, con perdón de la vulgaridad.
    Transitamos sin saberlo caminos idénticos, metafísicos y reales, metafóricos y aforísticos, de asfalto, de ripio, de miedo y de sueños.
    Pero como el azar es caprichoso, porque necesita divertirse, nos condujo a destinos divergentes, siempre.
    Fuimos frágiles como los niños e incrédulos como los aldeanos, quizás porque curiosamente nos tocó ser niños en la misma aldea.
    Advertí en cierta ocasión que, como a mí, te gobernaba un temperamento sui generis, fantástico y extraño, del que para bien o para mal, nunca se puede escapar.
    La gente como nosotros, cuando mira, ve. O eso queremos creer.
    Estamos destinados a ser incomprendidos, y lo vivimos con cierta ambivalencia, alternando el secreto regocijo de sabernos únicos con la dolorosa realidad de no lograr que nos comprendan cuando realmente lo necesitamos.
    Jugamos con la capacidad dual de hacernos invisibles o de construirnos a nosotros mismos, o mejor dicho, dibujar la imagen que proyectamos.
    Causa o consecuencia de nuestra afición a la literatura, que es el territorio inevitable al que se dirige la imaginación prolífica, donde se siembra y donde se cultiva.
    Nos gusta contar historias tanto como escucharlas, causa o consecuencia, otra vez no lo sé, de nuestra afinidad con los viejos. Con ciertos viejos.
    Tu abuelo y mi abuela, y cualquier viejo que de algún modo nos evoque su recuerdo.

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  4. Intuyo temerariamente, con todas las chances de equivocarme, que nuestros derroteros eróticos y sentimentales guardan también un ambiguo paralelismo.
    Tu belleza física (al menos a los ojos del común de los mortales) y tu astucia para gestionarla te han valido indudablemente de una gran ventaja. Empezaste antes y navegaste por todos los cauces de todos los ríos que merecen la pena ser navegados, como quien busca obsesivamente en el sinuoso horizonte de la piel ajena un puerto donde encontrarse a sí mismo.
    O en todo caso supiste forjar esa apariencia, que a los efectos prácticos y de la mano de tu gimnasia seductora y los siempre predispuestos traficantes de rumores, se convirtió en la verdad.
    A mí me tocó descubrir el verdadero placer de la carne más tarde y más torpemente, signado por una fantasía fetichista deliciosa pero carcelaria, como toda fantasía, que me mantuvo consistentemente lejos de la inquietud sexual durante mucho tiempo, incluso, aunque no lo creas, en el breve periodo que te traté.
    Sin embargo, desde que aprendí a alinear mi galaxia amatoria,ya sea ejerciéndola clandestinamente, vendiéndosela a la mejor postora o en el mejor de los casos, encontrando a otros aficionados de la metié, también abusé de los juegos impiadosos con el deseo del prójimo y procuré siempre imponer el mío, hasta que se suicidaba finalmente por el aburrimiento, que en los últimos tiempos parece perpetuo. Y la lujuria, insípida. Merecido castigo.

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  5. Retomando lo que nos atañe, tuvimos amigos, o al menos conocidos en común, que mencionaron tu nombre a lo largo de los años, impidiéndome olvidarlo. O acaso eso digo para mantener ileso mi orgullo y no admitir que te recuerdo esporádicamente con una nostalgia irreductible.
    Esa especie de pesar intermitente derivado sólo de aquellas oportunidades tan inesperadas como desperdiciadas, la añoranza fatal de las cosas que no sucedieron, y vuelve, de vez en cuando, a escarmentar.
    En su momento, y creo que nunca lo sospechaste, te usé como coartada para despertar los celos de un alma menor, que en aquel entonces me atraía y ahora recubre un piadoso manto de olvido.
    Debo admitir que todavía lamento no haber disfrutado más de nuestro escueto mundo compartido, tan fugaz e ilusorio como la vida misma.
    Asaltaste mi memoria en el día de hoy, como un hábito discontinuo e imprevisible que no se resigna a ser erradicado por completo, que no se subordina a la dictadura del tiempo y a mi alzheimer precoz, siempre listo sanar y curar con su nebulosa.
    Otro fenómeno curioso. Cuando coincidimos ya era un precoz periodista que soñaba con una Revolución y escribía para pasar el rato. Vos querías ser documentalista, al estilo Nat Geo, si mal no recuerdo.
    Ahora me encuentro rodando un documental, sin proponérmelo, y secretamente feliz por haberme consagrado en la profesión, que no vocación. Pese a que me pasé la vida esquivando elogios por mi precocidad, celebro tener éxito en algo.
    Por lo demás, siento mis veintitrés como cincuenta y trés, desperdiciados minuciosamente, uno a uno, o de mil y un maneras.
    Ya no soy el que contaba los días para cumplir 18.
    La Providencia ha sido grotescamente justa con mi persona.
    Durante años deseé con todas mis fuerzas no tener familia, y ya no la tengo. Ni a los que odiaba, ni a los que quería pero rechazaba, preso de la contrariedad.
    También me enorgullecía de mi habilidad para estar solo, solo de solemnidad, apartarme deliberadamente de la gente y poder prescindir de todos, cual asceta.
    Ahora busco entre mis amigos, algunos de ellos tuyos al parecer, nuestras almas consanguíneas, un refugio constante para mantenerme cuerdo, o alegremente loco, que es lo mismo.
    También aspiré a tener propiedades y ahora que las tengo aspiro a escapar de ellas, de sus ataduras e insoportables obligaciones, y reinventarlas en otro país.
    Un tropical paraíso del tercer mundo, bello en la miseria y caóticamente libre del que me enamoré gradualmente los años que viví en él, antes de que el Eterno Retorno me arrebatara de él.
    Tal vez, sólo tal vez, deberíamos haberte conocido más y mejor, y mucho antes.
    Quién sabe si hubiésemos crecido como aliados inseparables, entreteniéndonos mutualmente o como estoicos adversarios, el fatídico destino de los espejos.
    Quién sabe si nos hubiésemos ignorado, como lo hicimos gran parte de nuestras vidas.
    Quién sabe si algún día nos encontraremos, ahora que valoro más que nunca a las personas extravagantes, infructuosamente cultas y un tanto dañadas, como yo.
    Quién sabe si esta vez desaprovecharemos mejor nuestra oportunidad.
    En breve visitaré a tu urbe.
    Si te interesa encontrar a este perfecto desconocido, te dejaré las indicaciones para hacerlo en un título de la Biblioteca Nacional.

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  6. Pd: Mis más sinceras disculpas por los errores ortográficos, sintácticos, de tipeo o conjugación que derivan de la escritura espontánea y apresurada.

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