Apoyo la cabeza contra la ventana del colectivo. En la plaza las flores caídas languidecen sobre la tierra árida. El aroma dulzón y nauseabundo que emanan se escurre por entre los pliegues de mi piel como un beso torpe, lleno de saliva. El tiempo las devora masticando con mansa crueldad. Los pétalos abren sus venas aterciopeladas y derraman colores en la boca hambrienta del otoño. Un llanto quedo y sin voz acompaña la caída de la última flor del ceibo.

Que lindo volver a leerte amiga. Saludos se te extrañaba.
ResponderEliminarMe gusta mucho cuando cintas a Bariloche o a tu bs as es como transportarse por un momento y sentir con colores aromas y sentimientos esos lugares de tu vida.
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