martes, 24 de noviembre de 2015

El romantico

La imagen colectiva que hemos configurado al respecto del romántico es, podría decirse, cuasi idéntica al emoticón con los ojos de corazón. Una persona ingenua y soñadora, un suspirador compulsivo, un enamorado de la vida, un tarado. La realidad, me atrevo a afirmar, es diametralmente opuesta en tanto el romántico mas que un enamorado de la vida es un enodiado de la vida. Vida miserable plagada de suspiros y maquinaciones que, como cordones desatados, se enredan haciendo que el romántico ande a los tumbos. El romántico es melancólico; víctima de una ensoñación permanente que lo aliena de la realidad que anhela y de la que, consecuentemente, escapa como si lo persiguiera el demonio. Melancolía sin origen ni por qué. Melancolía porque sí. Poco tiene que ver el romántico con el romance. El romántico se ríe en la cara de los románticos estereotipo. Se ríe de sus anémicas ambiciones amorosas; sin embargo, y mientras tanto, por lo bajo acuna la imagen de una ballena blanca inalcanzable a la que observa con pasión febril. El romántico busca enloquecidamente a su propio Moby Dick, aunque si uno le pregunta jurará que no es cierto. El romántico desconoce que es un romántico y esconde su corazón torturado de la vista del público. Si un romántico se arrancase el alma y nos la mostrara, veríamos una alimaña pequeña y peluda que suscitará ternura, y posiblemente un poco de asco, retorciéndose en la palma de su mano en busca de calor.


1 comentario:

Question me like one of your french girls