Toda vida se inicia con sangre, yo resucito profesionalmente y lo hago con un dolor psicópata que penetra hasta mis huesos. Me duele, me mata, me arranca plumas y flores cuyas espinas torcidas desgarran mi piel al escaparse de la carne para luego volver a enterrarse profundo, más profundo que nunca. Es físico, es mental. La resistencia ha caído y los dientes de la memoria se clavan sin piedad, desgarran, trituran y añoran.
Te extraño y sin embargo me callo, el silencio me asusta pero me invade de un placer enfermizo y siniestro. Te quiero, y me callo.
Dios me ayude, me caigo a pedazos. Una monstruosa imitación de mi habla, ríe, ama, es un rejunte de pedazos emparchados, manchados con el negro petroleo de la derrota, su corona compuesta por cartas de muertos, una grotesca versión de aquello que alguna vez fui..
Un grito sale como vómito de mi alma, aúlla tu nombre.
No te entiendo, no quiero entenderte.
Me obligué a perderte, te obligué a irte para evitar entender que te entiendo y odio entenderte.Te obligué a irte. Y te fuiste.
Una acción, una escena de la obra que preparábamos, una sola y la puesta en escena terminó ¿Para siempre? No existe.
Y si, soy cobarde pero la reina de los valientes, un título inmerecido. Huí de vos con la cola entre las patas, el silencio mi mayor arma y mi peor enemigo. Te rajé a patadas para que volvieras a rascar la puerta, con una furia lujuriosa quise ver como te arrastrabas, te odié cuando lo hiciste. Te quiero ahora que desististe, te odio por haber desistido.
No me entendiste nunca. Yo no me entiendo, pero espero que vos lo hagas. Que hipócrita de mi parte, que inmundas contradicciones que acampan en mi mente.
Mi asquerosa tendencia a resucitar memorias enterradas en un letárgico y momentáneo olvido. Momentáneo, que no daría yo por que fuese eterno.
Te extraño y sin embargo me callo, el silencio me asusta pero me invade de un placer enfermizo y siniestro. Te quiero, y me callo.
Dios me ayude, me caigo a pedazos. Una monstruosa imitación de mi habla, ríe, ama, es un rejunte de pedazos emparchados, manchados con el negro petroleo de la derrota, su corona compuesta por cartas de muertos, una grotesca versión de aquello que alguna vez fui..
Un grito sale como vómito de mi alma, aúlla tu nombre.
No te entiendo, no quiero entenderte.
Me obligué a perderte, te obligué a irte para evitar entender que te entiendo y odio entenderte.Te obligué a irte. Y te fuiste.
Una acción, una escena de la obra que preparábamos, una sola y la puesta en escena terminó ¿Para siempre? No existe.
Y si, soy cobarde pero la reina de los valientes, un título inmerecido. Huí de vos con la cola entre las patas, el silencio mi mayor arma y mi peor enemigo. Te rajé a patadas para que volvieras a rascar la puerta, con una furia lujuriosa quise ver como te arrastrabas, te odié cuando lo hiciste. Te quiero ahora que desististe, te odio por haber desistido.
No me entendiste nunca. Yo no me entiendo, pero espero que vos lo hagas. Que hipócrita de mi parte, que inmundas contradicciones que acampan en mi mente.
Mi asquerosa tendencia a resucitar memorias enterradas en un letárgico y momentáneo olvido. Momentáneo, que no daría yo por que fuese eterno.

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