sábado, 7 de septiembre de 2013

Había una vez, y otra vez, y otra vez.

Y se repite la historia. Es un loop infinito. Un "Princesa" en tu boca y un armaggedon en mis murallas. En el arca de aquellos pensamientos que se salvaron de vos se rumorea tu llegada y se matan a palos, unos por placer, otros por verte y otros por arrancarse los ojos antes de siquiera ver una foto del reflejo de la sombra de tu mano. Mano que imparte dolor a diestra y siniestra, con llamados, golpes y palabras que surgen como víboras de esa boca que cuando quiere dice Princesa.
Princesa en tus días de sol, porque por la noche, cuando no brillan las estrellas y la luna llena te condena a convertirte en hombre lobo no soy princesa. Me tortura quererte, es una espina clavada en mi ADN que no puedo arrancar a pesar de haber escarbado hasta el hueso con los dientes.
Pero te necesito, te necesito tanto y te extraño cuando no estas. Nunca estas y te extraño siempre. Arcadas de tristeza y ganas de morirme que son reemplazadas por cara de "Y a mi que" "Si total" "Me da lo mismo". Ah, un pobre reemplazo. Pobre reemplazo, hombrecitos de paja que intentan ser vos y se quedan lejos y vuelan convertidos en briznas de pasto ante la menor brisa que generalmente escapa de mis labios. Los soplo lejos porque: No son vos. Siempre vas a ser mi héroe, aunque hayas perdido la cabeza.
No se trata de demostrar quién tiene el poder, sino de demostrar quién no lo tiene.

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