Y se repite la historia. Es un loop infinito. Un "Princesa" en tu boca y un armaggedon en mis
murallas. En el arca de aquellos pensamientos que se salvaron de vos se rumorea
tu llegada y se matan a palos, unos por placer, otros por verte y otros por
arrancarse los ojos antes de siquiera ver una foto del reflejo de la sombra de
tu mano. Mano que imparte dolor a diestra y siniestra, con llamados, golpes y
palabras que surgen como víboras de esa boca que cuando quiere dice Princesa.
Princesa en tus días de sol, porque por la noche, cuando no
brillan las estrellas y la luna llena te condena a convertirte en hombre lobo
no soy princesa. Me tortura quererte, es una espina clavada en mi ADN que no
puedo arrancar a pesar de haber escarbado hasta el hueso con los dientes.
Pero te necesito, te necesito tanto y te extraño cuando no
estas. Nunca estas y te extraño siempre. Arcadas de tristeza y ganas de
morirme que son reemplazadas por cara de "Y a mi que" "Si
total" "Me da lo mismo". Ah, un pobre reemplazo. Pobre reemplazo, hombrecitos de paja que intentan ser vos y
se quedan lejos y vuelan convertidos en briznas de pasto ante la menor brisa
que generalmente escapa de mis labios. Los soplo lejos porque: No son vos. Siempre vas a ser mi héroe, aunque hayas perdido la cabeza.
No se trata de demostrar quién tiene el poder, sino de demostrar quién no lo tiene.
No se trata de demostrar quién tiene el poder, sino de demostrar quién no lo tiene.

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